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El síndrome del piramidal en corredores

17/08/2018
piramidal en corredores

Como corredor es sumamente importante conocer las posibles lesiones que se pueden sufrir, para saber qué se debe de hacer cuando suceda, y sobretodo, saber cómo evitar sufrirlas. La vida de cualquier corredor está llena de estos peligros, y es justo y necesario prepararse para disfrutar de la mejor manera de esta actividad que tanto nos apasiona.

Dentro de todas las variadas lesiones que puede sufrir un corredor, el Síndrome del Piramidal es uno que se desconoce parcialmente. Se suele confundir con dolores de zonas diferentes, y es por esto que no se le identifica a tiempo, causando que el daño se vuelva mayor.

Para que puedas identificarlo de mejor manera, este síndrome tiene relación directa con los dolores en los glúteos o en la ciática. Así que, si sientes dolores en estas zonas, es probable que sufras de este síndrome. Lo mejor es revisarte para estar seguro, y actuar a tiempo con el tratamiento correspondiente.

Músculo Piramidal

El músculo piramidal se encuentra en la parte profunda de entre la cadera y los glúteos. Se trata de un pequeño músculo que une el sacro, perteneciente a la última parte de la columna, es decir, al fémur. Tiene una forma plana y de triangulo, lo que le da su nombre.

Este músculo tiene la responsabilidad de extender, rotar, y abducir el fémur en los momentos en el que la pelvis permanece sin movimiento alguno.

El movimiento natural que hace cualquier corredor causa que el músculo piramidal se vea exigido, por lo que una mala rutina de ejercicios, o un esfuerzo desmedido, pueden causar un desgaste, y por lo tanto una lesión en él.

Síntomas del sindrome piramidal en corredores

El síndrome del piramidal, o Piriforme, como también se le conoce, tiene síntomas algo confusos, ya que el dolor que se siente al sufrirlo da en una zona que se confunde muy fácilmente con el dolor del nervio ciático, conocido como ciática.

Para saber identificar el síndrome del piramidal, hay que fijarnos en la zona exacta del dolor, que suele ser en la zona de los glúteos, y no un poco más arriba, que es en donde se da el dolor de la ciática.

Esto debido a que cuando se sufre una contractura piramidal, o un espasmo, se inflama el nervio, y este genera dolor en los glúteos, e incluso en la parte superior de las piernas.

Un dato importante para identificar el síndrome del piramidal, es que el dolor que se siente aumenta cuando estamos sentados.

Otros síntomas que se pueden presentar son disminución de la flexibilidad, poca movilidad, o incluso dolor intenso cuando se realizan movimientos. Además del dolor, se pueden llegar a sentir hormigueos y entumecimientos en las piernas.

Origen del síndrome piramidal en corredores

En los corredores existen múltiples razones por las cuales se puede llegar a presentar el síndrome piramidal, por lo que debemos de prevenirlo al evitar realizar estas actividades.

El síndrome piramidal puede presentarse si ponemos en una situación de demasiada exigencia al músculo piriforme. Esto sucede cuando realizamos ejercicios sin tener un calentamiento previo. Esto genera que el musculo piramidal no se estire lo suficiente, y al momento de realizar la actividad, lo hace de un tirón. Esto evidentemente lo lastima.

Exagerar en los entrenamientos lo genera igualmente. Si hacemos una rutina bien, pero después la prolongamos de más, o la repetimos demasiadas veces, no importará si se realizan ejercicios de calentamiento, el músculo piramidal colapsará, y se presentará el síndrome piramidal.

Lamentablemente, el tener debilidad en los músculos de los glúteos también es una causa del síndrome piramidal. Por esto debes de realizar ejercicios que fortalezcan estas zonas, tales como sentadillas, los conocidos como “jumping jacks”, y escaleras. Esto hará que la zona se fortalezca, y no sufra lesiones tan fácilmente.

Correr en posiciones incorrectas es un grave error. Si al correr tienes la cintura doblada hacía adelante, esto generará eventualmente una lesión en el músculo piramidal.

Obviamente hay situaciones que causan el síndrome del piramidal que no se pueden prevenir, al menos no de forma tan clara como las anteriores. Te hablo de accidentes, como una caída muy fuerte. Si la zona en la que cae todo nuestro peso es la zona pélvica, es posible que se genere inflamación en el músculo piramidal.

Así mismo, una inyección intramuscular mal colocada puede ser causal del síndrome.

Algo que es bastante común, y que puede causar el síndrome piramidal, es estar sentados por largos lapsos de tiempo. En casos de no poder levantarnos de una silla o sofá por mucho tiempo, por cuestiones de trabajo, lo mejor es tomar pequeños descansos, para realizar estiramientos cada cierto tiempo. Lo más recomendable es hacerlo cada hora. Igualmente, cuando estemos sentados, podemos cambiar de posición ligeramente, y esto ayudará en mucho.

Tratamientos para el síndrome piramidal en runners

Quienes han sufrido esta lesión saben que es necesario darle tiempo para que cure por completo, o se verán consecuencias a corto plazo. Los tratamientos para éste síndrome no son en realidad muy limitantes, pero deben de ser seguidos al píe de la letra, o no surtirán el efecto deseado.

Lo que más se recomiendo recién se sufra esta lesión, es realizar estiramientos y masajear la zona afectada. Se pueden realizar estiramientos leves, y no prolongados. Al principio sentirás dolor al hacerlos, por lo que no podrás hacer muchos. No te exijas de más. Estírate tanto como el dolor te deje, o lastimarás aún más la zona. Los estiramientos deben de ser en la cintura, caderas, y glúteos.

Estar sentado por largos lapsos de tiempo ya no serán una opción si estás lastimado. El dolor simplemente te lo impedirá. No hacerlo te ayudará mucho.

Para curarte por completo no hay tiempo estimado, ya que lo que necesita el músculo piramidal es descansar, y curarse poco a poco. Los estiramientos, y reposos ayudan a que este proceso se realice más prontamente. Si cometes algún error el tiempo de curación se prolongará más. Es por esto que debes de procurar identificar el problema con los primeros síntomas, y no seguir ejercitándote para no agravar el problema.